viernes, 21 de enero de 2011

¿Cómo encontrar las palabras?

¿Cómo encontrar las palabras cuando éstas no vienen solas? Por momentos parece muy fácil. Es tan simple como sentarse con un lápiz y papel y dejar que salgan. Otras veces es ponerse enfrente de una pantalla y solamente comenzar a tipear para no detenerse hasta el punto final. 

¿Pero qué pasa cuando no sale nada? ¿Cómo se supera ese momento? Y una vez que empezás a pensar en eso, y ves que los minutos corren y la página sigue en blanco, ¿cómo se hace para escaparle a esa sensación de inseguridad, ahogo e incertidumbre?

¿Música? A veces funciona. ¿Cambiar de aire? Puede ser una solución. ¿No pensar en nada? Me ha servido en el pasado. O quizás dejar que el tiempo pase y nos vuelvan las ganas. Admiro al escritor que tiene la constancia de tomarse la escritura como un trabajo "de oficina" de 8 o 9 horas diarias, en las que su trabajo, valga la repetición, es escribir.

Para mi la escritura siempre ha sido una manera de desahogo. Otras veces el medio para compartir lo que siento o pienso. Otras, el modo que he tenido para poner algunas cosas en perspectiva, ordenarlas, entenderlas. Muchas veces he escrito páginas y las he roto tiempo después, porque su función no era la de permanecer sino la de ayudarme a comprender.

Hoy charlando con una persona que conozco hace muchos años, de la que me hice amigo una vez que no la vi más, surgió este tema de cómo arrancar a escribir algo de cero. Y no me refiero a dos o tres líneas, o una reflexión como la que estoy escribiendo ahora. Me refiero a realmente escribir una pieza de principio a fin, algo con estructura, que sea consistente, llámese historia, cuento, relato, fábula o lo que sea. Escribir, con E mayúscula.

Le recomendé ver "Descubriendo a Forrester", una de mis películas favoritas que, entre otras cosas, nos muestra que a veces una persona nos puede servir de inspiración para ser mejores, para descubrir quién uno es realmente, para ayudarnos a sacar lo que sentimos, que vaya a saber uno por qué mantenemos tapado. Es una historia que tiene una línea que se mantiene de principio a fin, y es que los roles de profesor y alumno son solamente rótulos, y que uno alterna a lo largo de su vida enseñando y aprendiendo. Y que requiere de mucha humildad abandonar la posición de "educador" para escuchar a alguien con atención e incorporar lo que nos dice.

Y así sin querer, sin haberlo pensado, terminé volviendo a ver esta película y escribiendo ésto que estás leyendo. A veces una simple charla puede ser el inicio de algo nuevo. La opinión de otro, o el saber qué piensa, nos puede movilizar como pocas cosas. El tomar prestadas palabras de otro nos puede servir para encontrar las propias. Me hace pensar en mis exámenes de Lengua en el Pellegrini y lo mucho que me gustaba que me tomaran redacción. Sabía que con esa oración que te hacían elegir para empezar el relato, no iba a parar ni para pensar en lo que estaba escribiendo y sólo iba a bajar la birome una vez que escribiese el punto final.

¿Cuál es la conclusión de todo ésto?

Que volví a escribir.

1 comentario:

  1. Como conclusión de este post armé un blog dedicado a la literatura, en donde voy a "tomar las palabras de otros" para hacerlas mías y escribir relatos o cuentos cortos a partir de ellas. Se llama Historias Robadas.

    El link es http://historias-robadas.blogspot.com.

    Los invito a pasar por este nuevo blog!!

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